Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ

sábado, 27 de julio de 2013

Nadar contra corriente.

Todos somos víctimas de aquel detestable río de peces idénticos que se creen originales pero que nadan en una misma dirección. Incluso los peces de mi especie, que tratan de nadar en contra de la corriente y que se sienten raros, excluidos, peces de otro río... Incluso esos peces son víctimas del cardumen que nadan creyéndose geniales, originales, únicos pero que son tan idénticos, tan aburridos, tan ridículos.
Los peces como yo, somos víctimas cuando la corriente se fortalece y nuestras pequeñas aletas parecen hacerse cada vez más débiles.
Somos víctimas cuando el cardumen de peces idénticos se complotan para mirarnos con sus ojos bien abiertos como si estuviéramos haciendo algo mal, o como si nadar en otra dirección fuera un crimen.
Somos víctimas cuando nos cansamos de todo y nos rendimos y nos convencemos por fin de nadar a favor de la corriente.

Y nadamos y nos unimos al cardumen y nos aburrimos y nos sentimos desgraciados.
Entonces, frenamos por un momento y miramos. Miramos y vemos un inmenso río lleno de peces. 
Peces con grandes aletas pero tan inútiles. Tienen tanto y hacen tan poco.
Peces iguales, aburridos.
Peces superficiales, asquerosos.

Pensamos y nos damos cuenta que quizá es mejor nadar en contra de la corriente que ser uno más de ellos, un egocéntrico pez que no sirve para nada. Quizá sentirse raro, excluido y pez de otro río no sea tan malo como sentirse original cuando en realidad no se es.
Pensamos y nos damos cuenta.
Volteamos nuevamente, comenzamos a nadar en contra de la corriente otra vez y nos sentimos bien. Raros, excluidos, peces de otro río pero bien. Libres, capaces de todo, inmortales.
Pensamos y nos damos cuenta de que seguimos siendo víctimas de este río detestable y tal vez siempre lo seamos pero quizás nuestras aletas pequeñas puedan hacer maravillas. Porque no importa de qué tamaño sean las aletas de un pez, y tampoco importa la intensidad de la corriente, lo que importa es la disposición y la voluntad que tenga cada pez para nadar en contra de ella, la voluntad que tenga para independizarse del cardumen y no conformarse con dirigirse a donde todos se dirigen. Todo depende del interés que tenga cada pez en hacer algo más y ser algo más. Hacer algo más que seguir los pasos de todos y ser algo más que un simple, aburrido y superficial pez idéntico al resto.

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