Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ

domingo, 14 de julio de 2013

Alas de un cuervo encerrado.

Otra vez tengo esa horrible sensación de que miles y miles de golondrinas coloridas están allí afuera, volando, cantando y disfrutando la ciudad, mientras yo, un cuervo negro y solitario, está encerrado en su jaula mental con unos estúpidos y resistentes barrotes hechos de soledad y angustia.
¿Qué es lo que debo hacer para ser por fin libre? ¿Qué debo hacer para salir de esta asquerosa jaula y vivir? ¿Qué debo hacer para darle un buen uso a estas alas que tengo y aprender a volar? ¿Por qué yo no puedo ser como aquellas bellas golondrinas? ¿Por qué el destino decidió que esta etapa de mi vida transcurriría así? Yo, este cuervo apagado que mira al mundo a través de barrotes mientras ve pasar aquellos seres libres y divertidos que viven y que son felices. Y aunque a veces no son felices y están tristes, tienen algo que yo no tengo. Algo que si tuviera, probablemente dejaría de ser este cuervo sucio y horrendo que soy.

Libertad.

¿Notaron que ver un pájaro bellísimo encerrado en una jaula no es lo mismo que verlo volar en libertad en su ambiente natural?
Es que cualquier pájaro cuando se encuentra libre es hermoso.
A cualquier pájaro que está en libertad le dan ganas de volar. Y eso es lo lindo de un pájaro. Verlo volar, verlo ser libre y que te crezca una envidia en el cuerpo y que te den ganas de ser como él. Colorido, lleno de vida y libre. Sobre todo eso. Libre.
Un cuervo negro y solitario no le llama la atención a nadie. Pero menos llama la atención un cuervo negro, solitario y no libre. Uno que viva encerrado y que no sepa lo que es volar.
Un cuervo como yo.

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