Me recuerdo huyendo de tus pasos y de tus brazos que sólo querían sostenerme en la caída. Me recuerdo tumbada en el césped mirando el cielo nocturno, sin estrellas porque estaba nublado. Y de fondo un par de canciones tristes que usaba para llorar a escondidas.
Perdona por esa actitud egoísta de huir sin previo aviso. La herida se estaba abriendo y sólo quería estar sola para sangrar sin manchar a nadie. Olvidé que, si la herida es muy profunda, se necesita de un experto para que dé unas puntadas y unos besos cicatrizantes. Olvidé que te necesitaba.
Lamí el salado de mi dolor y limpié los restos de tristeza que quedaron en el lavado. Miré a mi alrededor y no te encontrabas. Nadie se encontraba allí. Ni siquiera pude encontrarme a mí misma en aquel entonces. Me perdí cuando apagué la luz.
Debo admitirte que no pensé mucho, ni en ti ni en nadie. Estaba ocupada sumergiéndome en las profundidades de la bañera y deseando irme por la cañería. Jugaba a ser la víctima del dragón que me tenía atrapada en la torre más alta. No me daba cuenta que yo ya no era la princesa, y no vendría ningún príncipe a salvarme. Porque yo, más bien, era el dragón.
Mi verdad se refugiaba en un silencio nauseabundo que salía de mi boca. Un sueño se ahogó y murió en las tuberías. Te necesitaba.
Me olvidé de tus "siempres" y de tus hombros. Me aferré a mis "nuncas" y a mis sábanas. Me asfixiaba porque tu ausencia respiraba y sólo me dejaba suspiros de nostalgia. Nunca me perdonaré el haberte alejado, pero me cegué de egoísmo, me obsesioné con mis propios huesos, y no me percaté que los tuyos podrían estar quebrándose. Sólo pensaba en acostarme en la orilla para que la marea me llevara mar adentro. No pensé en que tú también estabas a punto de ahogarte.
Me solté de tus manos y te culpé por dejarme caer. Tú sólo querías que sobrevivamos al infierno de platos vacíos y gargantas desgarrándose. Sabes muy bien que nunca fui buena superviviente.
Tú sí parecías una guerrera, como si pudieras con todo y nada pasara. Por eso seguí revolviendo mi propia basura.
Pero tú, tú también te perdías en el basurero.
Ya era larga la distancia que se colaba entre nuestras miradas, un universo de secretos débiles y mordiscos forzados. Te estabas descociendo y yo estaba ocupada en enredar más mis hilos.
Perdón por mirar hacia adentro y taparme los oídos. Mis intenciones no eran dejar que tu dulce voz se pudra en el vacío y tu esqueleto se esconda tras el cristal. Pero ahora no hay nada que hacer, porque el vacío está lleno y el cristal roto.
Perdón. Me perdí. Acaso tú también estabas perdida.
Perdón. Me perdí. Acaso tú también estabas perdida.
Perdón.
Era demasiado tarde cuando me di cuenta de que me necesitabas más de lo que creía.
Era demasiado tarde cuando me di cuenta de que me necesitabas más de lo que creía.

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