Advierten un futuro distorsionado.
Ya no estamos en el paraíso, revelan.
Nueva era, viejas mañas.
Los buitres volverán a picotear
estas mentes podridas,
este paraíso ya muerto.
Un invierno se acerca,
y las más bellas flores
se marchitan.
Para los afectados por el temporal,
las heridas amenazan con abrirse.
El miedo sube a escena.
Ser nosotros es peligroso.
¿Libertad? Pura ilusión.
El silencio aturde,
el silencio mata.
Pero nos robaron los gritos,
nos robaron el habla.
Vuelven las viejas reglas.
Prohibido volar,
prohibido soñar,
prohibido reír,
prohibido llorar.
Ssshh, no hay que hacer ruido.
Que nadie nos vea,
que nadie nos escuche,
que nadie nos note.
Un horizonte que se aleja
a cada paso que damos
con la esperanza de acercarnos
y llegar a algún lado.
Cae una avalancha
que se lleva todo por delante.
Incluyéndonos.
Estamos cada vez más lejos
de la cima de la montaña,
pero no importa.
Ya nada importa.
Las fuerzas para escalar
las abandonamos hace tiempo.
El deseo de subir,
de avanzar,
se esfumó.
Fumamos esperanzas
tosemos dolor.
Los buitres siguen picoteando
los restos de este paraíso descompuesto.
El aroma a muerte inunda el aire,
el aroma a vacío inunda nuestros pechos.
El futuro se acerca demasiado rápido.

El futuro ya es nuestro presente.
No hubo tiempo.
No pudimos huir.
Y eso que lo advertimos.
Pero llegó tan de prisa,
tan inoportuno.
Aquí está, aquí estamos.
Los buitres nos picotean,
las heridas se abren
y ya no hay restos de paraíso.
Nadie nos escucha,
nadie nos ve,
nadie nos nota.
No hay nada que hacer.
Se acabó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario