22 de Octubre de 2013.
Querido Paul:
Estoy acostada en mi cama haciendo reposo sin salir en todo el día porque estoy enferma. Tengo fiebre alta.
Puede que la fiebre me esté haciendo delirar y por eso te estoy escribiendo o no sé.
¿Sabes? El estar encerrado en tu habitación las 24/7 te hace pensar y mucho, e imagínate con la fiebre alta lo que son esos pensamientos. Locos, muy locos.
Mira, he estado pensando mucho en nosotros y se me ha ocurrido algo. Lee con atención.
¿Qué opinas de irnos juntos? Imagínate a los dos viviendo en una pequeña y acogedora cabaña en lo alto de una montaña. Una cabaña de madera, llena de ventanas y con una chimenea. ¿No sería lindo? Despertaríamos sin saber qué día o qué hora es. Nos sentaríamos en un cómodo sillón mientras tomamos una taza caliente de café o té, lo que tú prefieras. Yo podría hornearte el más delicioso pan que jamás en tu vida hayas probado, y decoraría cupcakes colocando nuestras iniciales encerradas en un corazón de azúcar.
"¡Cuánta cursilería!" estarás pensando. Y es que sí, siempre he sido una cursi de aquellas bien melosas, sólo que no le muestro ese lado a cualquiera porque todos me creerían loca o recién salida de un cuento de hadas. ¡Pero contigo! ¡Ay, Paul! Contigo puedo ser yo misma sin sentirme juzgada. Me haces tanto bien.
Sería bellísimo pasar horas y horas observando como el viento hace bailar a las ramas de los árboles o como la lluvia arroja gotas hacia el vidrio empañado.
Podríamos hacer largas caminatas, ir en busca de quién sabe qué cosas, descubriendo paisajes hermosos y viendo a los pájaros volar, y los clasificaríamos según su especie y su canto. Yo podría posar desnuda entre las hojas mientras tú me retratas, ¡ay, imagínate qué lindo sería!
Me imagino que estarás pensando de qué viviríamos porque tú nunca has sido fiel creyente de una vida en la que no se necesite un sólo centavo. Pues no te preocupes, eso también lo he pensado (¿lo has notado? No se me ha escapado ningún sólo detalle):
A unos cuántos pasos de nuestra cabaña, tendríamos una pequeña confitería en la que tú podrías dar pequeños conciertos con tu dulce voz y algunos acordes. Yo podría ocuparme de preparar el café y las tortas. ¡Imagínate, Paul! Pasarían por nuestra confitería algunos pocos turistas, pero no cualquier turista. Pasarían de esos turistas amables que tienen un espíritu aventurero. Mientras tú tocarías unas lindas melodías, ellos nos contarían grandes historias con finales felices, y nos hablarían de sus próximas aventuras y proyectos. Pasarían un día entero allí, y al atardecer se irían pero no sin antes darnos una enseñanza de vida que termine con un "sean felices". Nosotros nos miraríamos sonriendo y nos besaríamos. Sería perfecto. Nuestras almas estarían libres y puras, y respiraríamos un aire fresco y libre de contaminación.
Ay, Paul. Sé que todo esto te puede sonar una locura. Lo sé. ¡Pero es que estoy tan agotada! La ciudad me agobia y ya no la soporto. Es tan gris y rutinaria. No veo la hora de que vengas a buscarme para que huyamos juntos de todo lo que nos hace mal.
¿Te suena tonta mi propuesta, Paul? Lo sé. Es un delirio. Sé que todo esto es producto de mi imaginación y probablemente nunca lo podamos concretar. Sé que no es tan sencillo hacerlo como decirlo. Sé que nadie nos apoyaría en este modo de vida. Todo eso lo sé. Pero bueno, también sé que éste no es más que otro de mis tantos sueños. Otro de mis tantos sueños que no existen al igual que...
Al igual que tú.
No dejes nunca de aparecerte en mis sueños.
Atte: la que te sueña.

No hay comentarios:
Publicar un comentario