El sonido viaja por el aire y me envuelve como una madre que envuelve a su hijo en una noche de invierno. La melodía entra por mis oídos y acaricia mi cerebro. Al principio algo me intimida y me hace sentir algo insegura y torpe, pero luego esas sensaciones negativas se disuelven.
Viajo, me teletransporto.
Todos los ojos que me observan se cierran y todas las voces se callan. Mi cuerpo responde a la música que retumba dentro de mí y se deja llevar, como un pez que nada a favor de la corriente.
Una sensación placentera surge de lo más profundo de mi alma. Siento que vuelo, que soy una pluma a la que el viento eleva por los aires y hace bailar. Mis pies se desplazan por el espacio sin que yo sea consciente de lo que están haciendo. Sólo se mueven y bailan y juegan y dibujan firuletes en el piso.
El tiempo pasa pero para mí no. Estoy en otra dimensión paralela en la que el tiempo no existe o quizá sí exista pero me dejó de importar. Yo sólo dejo que me guíen y que me hagan danzar.
Tengo el deseo intenso de que este momento se extienda por toda una eternidad y que la realidad no moleste por un largo rato. No quiero despertar de este hipnótico sueño que se siente tan agradable, no quiero despertar y que todo me parezca una pesadilla, quiero quedarme en esta zona de cofort que alivia todas mis inseguridades y que me permite olvidarme hasta de quién soy.
Quiero que este momento dure por mucho tiempo pero la música se termina y la realidad me empuja para que caiga otra vez al planeta Tierra. Los ojos se abren y las voces empiezan a hablar otra vez. Vuelvo a tener los pies firmemente aferrados al suelo y mi mente vuelve a recordar todas mis inseguridades. Y me sonrojo y se me escapa una sonrisa tímida y me sonrojo aún más. Miro a mi alrededor, todos me miran y me dicen cosas que apenas escucho porque sigo pensando en aquella sensación que sentí, tan bella, tan deliciosa. Una sensación que para entenderla hay que sentirla y para sentirla hay que dejar que el cuerpo se mueva al compás de la música y al compás del corazón. Que la música te haga volar, que la mente se apague por un rato y que el alma sea quien te guíe, no para ejecutar los pasos correctos, sino para liberar el cuerpo y que la inteligencia de éste haga que el baile sea mucho más lindo y placentero, con más sentimiento y emoción.
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario