MARZO.
El espejo de la habitación de Alicia estaba colgado a una altura ridículamente alta. Tan alta que no podía ver su cuerpo entero. Para hacerlo, tenía que subirse arriba de una silla y ahí sí. Ahí se vería toda.
Aquel día gris y depresivo, ella tomó una silla del comedor y la llevó hacia su habitación que, como siempre, estaba perfectamente ordenada. La colocó frente al espejo y se paró encima. Miró su reflejo y una extraña sensación le recorrió el cuerpo.
Tic, tac. Hacía el reloj.
Alicia sintió que una extraña especie de cadena invisible rodeaba su cuerpo y la apretaba. Le generó un dolor tan espantoso que quiso bajar de la silla, pero falló en el intento. Una fuerza misteriosa no la dejaba moverse de allí.
Y allí se quedó, sin poder hacer nada al respecto.
MAYO.
Alicia seguía sin poder salir de allí.
Tic, tac. Hacía el reloj.
Alicia miraba por el reflejo del espejo su habitación y la veía cada vez más desordenada. Pensó que sus ojos querían asustarla y le estaban provocando ilusiones ópticas. Veía como todo el perfecto orden iba desapareciendo y le angustiaba no poder hacer nada para arreglarlo. Se consoló diciéndose que su madre vendría pronto a ordenar y limpiar todo, antes de que se vuelva peor.
Tic, tac. Hacía el reloj.
JULIO.
Nadie se aparecía por la habitación. Alicia estaba completamente sola. El desorden que crecía en su habitación ya no tenía vuelta atrás. Pero Alicia ya no estaba angustiada, tampoco asustada. Se había acostumbrado a vivir con ese desorden. Ya ni siquiera le importaba. Nada le importaba. Se había parado frente al espejo y ese objeto maldito la había hipnotizado de algún modo.
Tic, tac. Hacía el reloj.
AGOSTO.
Alicia estaba desapareciendo. El desorden de la habitación era tan grande, tan grande, que ya no parecía una habitación. Era más bien un monstruo. Y de más está decir que no era un monstruo de esos buenos. No. El monstruo la vio a Alicia y la hizo suya. Se apoderó de su cuerpo y de su mente.
Alicia desaparecía entre el desorden. Desaparecía dentro de aquel monstruo.
¿Hay alguien allí afuera que lo pueda ahuyentar?
Tic, tac. Hacia el reloj.
OCTUBRE.
Alicia no tenía tiempo para pensar en otra cosa más allá de aquel espejo y todo lo que éste le reflejaba. Se preguntaba cuál era el momento exacto en que éste se volvió un objeto tan terrorífico.
El espejo era su única compañía.
Hubo un momento en el que se distrajo y se le pasó por la cabeza la pregunta de si alguien la estaría buscando. Hace mucho que no veía ni a su familia, ni a sus amigos. Ella estaba atrapada en ese lugar y al parecer nadie se había enterado. ¿Qué estaba pasando? ¿Es que era todo una horrible pesadilla?
Pobre Alicia.
Tic, tac. Hacía el reloj.
Nadie venía. Y todo eso no era más que su triste realidad. Claro que cualquiera hubiera confundido su realidad con una horrible pesadilla.
NOVIEMBRE.
Alicia extrañaba el calor de los abrazos, el bello sonido de las voces, extrañaba estar rodeada de personas. Ya no aguantaba la soledad que le había parecido atractiva en un principio.
Nadie venía por ella.
Tic, tac. Hacía el reloj.
Tic.
Tac.
Tic.
Tac.
DICIEMBRE.
La puerta de la habitación de Alicia se abrió. Y se asomó un grupo numeroso de gente. Si Alicia hubiera podido ver eso, los habría reconocido inmediatamente. Su familia y sus amigos. Allí estaban. Si Alicia hubiera podido...
Pero el reloj se había detenido ya.
La silla seguía frente al espejo. El espejo seguía en la pared. La habitación estaba ordenada. Pero Alicia no estaba allí.
Tic.
Demasiado tarde.
Tac.
Alicia, ¿dónde estás?
Tic.
Se llevó consigo su desorden.
Tac.
¿Por qué ella?
Tic.
Todo por culpa de eso.
Tac.
Espejo roto.
Tic.
Adiós, Alicia.
Tac.
Adiós.
Tic. Tac.

Excelente, curioso pensar que cada quien esconde su propio desorden y más aún darse cuenta de que muchas cosas no son lo que parecen.
ResponderEliminarSí, tenés razón. Nada es lo que parece. Gracias por leerme, Marco. :)
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